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Textos de sala
- PLANTA BAJA / PATIO
A CADA UNO SU MIRADA
Un museo es un lugar de miradas. Las obras aquí reunidas han sido creadas para decir algo sobre el mundo que nos rodea o que nos trasciende: para representar una deidad, un poder, una creencia, una historia, una emoción.
Para comprenderlas mejor, el recorrido se organiza en tres etapas. La planta baja, donde predominan las obras de la Antigüedad y la Edad Media, cuestiona la propia noción de «representación»: ¿por qué y cómo los artistas representan y objetivan el cuerpo humano, lo sagrado y el poder? El primer piso, dedicado a la época moderna, desde el Renacimiento hasta la Revolución Francesa, pone de relieve la función social del arte: ¿cómo usan príncipes, instituciones y coleccionistas las obras para afirmar su prestigio, su gusto o su autoridad? ¿Cómo nace el valor de una obra? El último piso invita a un largo viaje a través del siglo XIX francés, marcado por las revoluciones, la industrialización, la apertura a nuevos horizontes y nuevas ideas.
Para orientarse, encontrará diversos carteles informativos, que se presentan a continuación, cerca de las obras. Aunque constituyen una guía útil, no son elementos imprescindibles: más allá de los conocimientos, el encuentro con las obras es, ante todo, una cuestión de sensibilidad personal. A algunos les gustarán más ciertas obras y a otros les conmoverán menos algunas: es normal, lo que cuenta es su mirada. Déjese sorprender y guiar por sus emociones: ¡verá que no es necesario ser un experto para sentirse en casa en el museo!
- PLANTA BAJA / SALA 1
EN EL OJO DE LÉON BONNAT
Nacido en Bayona en 1833, Léon Bonnat no solo fue uno de los retratistas más célebres de su tiempo, sino también un coleccionista apasionado, cuyo ojo y gusto se afinan desde muy joven. En 1880, adquiere su primer dibujo, una hoja atribuida a Miguel Ángel. Su curiosidad no conoce fronteras: aficionado a las antigüedades egipcias, griegas y romanas, admirador del arte europeo del siglo XV al XIX, también apoya a sus contemporáneos franceses y extranjeros, comprando e intercambiando sus obras.
Muy vinculado a la idea de compartir su amor por el arte y de transmitirlo –tanto a sus alumnos como al público en general–, Léon Bonnat formó muy pronto el deseo de regalar a su ciudad natal su extraordinaria colección. Ofrecer un museo a su territorio es un gesto de reconocimiento: no olvida el apoyo que le brindó el municipio para ayudarle a continuar su formación como artista en París e Italia. Inaugurado en 1901, el «Museo Bonnat», cuyas salas fueron organizadas por el propio Bonnat, se encuentra en este imponente edificio diseñado por el arquitecto Charles Planckaert. Este edificio fue renovado y ampliado en 2025 por la agencia BLP.
- PLANTA BAJA / SALA 2
GALERÍA DE LOS CUERPOS
La representación del cuerpo atraviesa la historia de la creación humana. A través de esta galería, formas artísticas distantes en el tiempo y en el espacio entran en diálogo, desde el Egipto faraónico hasta la Francia de los años 1930. Estos encuentros muestran cuánto los artistas se interpelan y se influencian unos a otros, de una época a otra, de un estilo a otro. También muestran que cuestiones universales a veces encuentran respuestas radicalmente diferentes según las épocas y las culturas.
¿Por qué y cómo representar el cuerpo? Se puede buscar una belleza ideal o, por el contrario, cuestionar la norma. Se puede mostrar estático, carente de vida, o bien en movimiento y esfuerzo. Se puede subrayar su fuerza y vigor, así como su debilidad y sufrimiento. Se puede revelar en su desnudez o esconderlo tras ropas y pliegues. Ya sea heroico o erótico, sagrado o fragmentado, el cuerpo representado es siempre soporte de la humanidad.
Espejo de la sociedad tanto como del íntimo, la representación del cuerpo abre reflexiones más amplias, tocando el poder, las creencias, el amor, la identidad y la alteridad. A través de estas imágenes y objetos, es el ser humano el que se observa.
- PLANTA BAJA / SALA 3
EL ARTE Y LO SAGRADO: ¿VER PARA CREER?
Lo sagrado designa aquello que conecta a los hombres y las mujeres con las fuerzas sobrenaturales en las que creen. Desde la Prehistoria, la relación con lo sagrado ha dado lugar a la creación de imágenes y objetos destinados a hacer presentes las fuerzas vitales, los espíritus o las divinidades que gobiernan el mundo. Estas obras pueden tener como función acompañar rituales, suscitar la fe o transmitir relatos.
En la Europa de la Edad Media (476-1453) y del Renacimiento (1453-1600), el cristianismo es la religión dominante. Se basa en la vida, la enseñanza y la creencia en la resurrección de Jesús. Para sus fieles, que lo llaman el « Cristo », él es el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María. Su historia, tal como se relata en los textos sagrados, es objeto de numerosas representaciones. Estas representaciones están muy codificadas, como la imagen del niño Jesús en las rodillas de su madre. Al mismo tiempo, estas representaciones no dejan de evolucionar a lo largo de los siglos. Entre 1300 y 1500, estas « Virgen con el Niño » ganan en realismo, humanidad y emoción, para hacer sentir al espectador lo cercanas que le son estas divinidades.
- PLANTA BAJA / SALA 4.1
¿EL ARTE, INSTRUMENTO DEL PODER RELIGIOSO?
Hasta el siglo XVIII, el arte sacro ocupa un lugar central en Europa. Pinturas, esculturas, dibujos y tapices ilustran las grandes escenas de la Biblia y permiten difundir entre el mayor número de personas la imagen de Jesucristo, de la Virgen María, de los santos y las santas: aquellas personas distinguidas por la Iglesia como modelos de vida.
Para encargar tales obras a los artistas, se requieren importantes recursos. Entre los patrocinadores, la Iglesia, institución que regula la vida religiosa de los cristianos, ocupa un lugar esencial: los papas, los cardenales, los obispos y las órdenes religiosas recurren regularmente a pintores y escultores para la decoración de sus lugares de culto y de residencia. Con estas obras, afirman su autoridad y transmiten su mensaje. Algunos grandes donantes privados también muestran su prestigio y poder encargando imágenes sagradas colocadas en las iglesias para ser vistas por todos: representarse junto a las figuras divinas se convierte en una herramienta política en toda regla.
- PLANTA BAJA / SALA 4.2
¿EL ARTE, INSTRUMENTO DEL PODER CIVIL?
El uso de las artes para manifestar la autoridad se refuerza en Europa con el ascenso de las monarquías, imperios y ciudades-estado, a partir del siglo XIV. Después de la Iglesia, los reyes, príncipes, nobles y mercaderes encargan ellos mismos retratos, frescos, tapices o muebles para decorar sus residencias y consolidar su prestigio.
Las tres obras reunidas en esta sección muestran cómo la puesta en escena del «yo» sirve al poder: los trajes (sobrios o lujosos), las posturas y los símbolos exteriores (la espada) son signos visibles de poder. A través de estas representaciones, la élite afirma su capacidad de mandar y obtener obediencia. La construcción de las imágenes expresa también la idea de jerarquía: observen, en el gran cuadro de Murillo, cómo el Inquisidor es representado de pie, mientras que aquellos que se muestran como sus inferiores están a sus pies.
En el piso superior, el retrato como instrumento de poder aparece en su gran diversidad: se puede elegir ser representado a caballo o «de pie» (es decir, de pie), con atuendo de gala o de diario, solo o acompañado, a tamaño natural o en formato pequeño. Controlar su imagen y su difusión contribuye directamente al ejercicio del poder.
- PLANTA 1 / SALA 6
PAÍSES BAJOS, SIGLO XVII: UN SISTEMA ARTÍSTICO EN MUTACIÓN
El siglo XVII marca un punto de inflexión para la creación en el Norte de Europa, y especialmente en los Países Bajos. El desarrollo de la industria artesanal y de un comercio que, desde Ámsterdam, se expande por todo el mundo, genera una prosperidad económica sin precedentes. Esta prosperidad transforma profundamente las estructuras tradicionales del encargo artístico. El encargo a los artistas, que durante mucho tiempo fue un monopolio de la Iglesia y la nobleza, se amplía a una burguesía culta, ávida de imágenes y de prestigio.
Si bien los grandes encargos reales siguen existiendo, como lo muestran en esta sala los numerosos bocetos preparatorios destinados a decorar palacios, aparece un arte más libre y diversificado. Las obras cambian de escala y de temática: junto a las grandes composiciones, aparecen cuadros de formatos más pequeños. Más íntimos, ilustran escenas de la vida cotidiana, retratos o paisajes.
En un contexto en el que las obras de arte se convierten en objetos de colección, los artistas adaptan su práctica. Rembrandt, Rubens o Van Dyck organizan sus talleres como auténticas empresas, dirigiendo a asistentes y alumnos para responder a una demanda creciente.
- PLANTA 1 / SALA 7.1
IMÁGENES RELIGIOSAS PARA REVIVIR LA FE
A principios del siglo XVI, el monje Martín Lutero critica públicamente lo que considera los «abusos» de la Iglesia y propone «reformarla». Así, lanza un vasto movimiento religioso, conocido como el «protestantismo», que se difunde por toda Europa. Los protestantes cuestionan, en particular, el lugar que ocupan las imágenes en los lugares de culto. Les acusan de desviar la atención de los fieles del mensaje divino.
En reacción, la Iglesia emprende una gran estrategia de reconquista espiritual, conocida como la «Contrarreforma». El arte se convierte en una cuestión clave de esta movilización, destinado a reavivar la fe, tocar los corazones y guiar las miradas. Los más altos dignatarios de la Iglesia reafirman, en el concilio (asamblea) que se reúne en Trento entre 1545 y 1563, la legitimidad de las imágenes religiosas, con tal de que sean claras, edificantes y respetuosas. Esta doctrina inspira una nueva estética, más expresiva y directa, que privilegia la emoción, la legibilidad y el impacto visual. Al igual que las obras expuestas en esta primera sección, los artistas recurren a gestos dramáticos, juegos de luz o miradas que crean una relación directa con el espectador.
- PLANTA 1 / SALA 7.2
IMÁGENES POLÍTICAS PARA AFIRMAR SU PODER
En el siglo XVII, en una Europa donde los estados modernos se consolidan, las imágenes juegan un papel esencial en la escenificación del poder. Retratos oficiales, alegorías y decorados monumentales sirven para legitimar la autoridad de los soberanos, los magistrados o las grandes familias. Para mostrar su estatus, la élite aristocrática se hace representar en sus actividades, tanto oficiales como privadas, en el teatro o en el campo de batalla, en majestad o en familia.
En Francia, bajo el reinado de Luis XIV (1643-1715), esta estrategia alcanza su apogeo: el rey es representado como un conquistador, un legislador o una figura solar, símbolos tomados de la Antigüedad y la tradición cristiana. Este lenguaje visual, ampliamente difundido en Europa, moldea una imagen idealizada y universal de una monarquía que se ha vuelto absoluta, es decir, donde el rey concentra todos los poderes. Para asegurarse de controlar las artes y utilizarlas como un instrumento del poder francés, Luis XIV crea en 1648 la Academia Real de Pintura y Escultura, con el fin de reunir, organizar y formar a los mejores artistas del reino.
- PLANTA 1 / SALA 7.3
EL PODER DE LOS CREADORES DE IMÁGENES
Aunque la producción artística está muy regulada en el siglo XVII, los artistas ya no son simples ejecutantes al servicio del poder o de la Iglesia. Reclaman una autonomía de pensamiento, un estilo personal y un verdadero estatus social e intelectual.
El autorretrato es testimonio de este nuevo reconocimiento. El artista se convierte en una figura pública, celebrada por su talento, su dominio de la composición y su capacidad para rivalizar con la naturaleza o la Antigüedad. Este cambio también afecta a los artesanos: pintores decoradores, grabadores, escultores u orfebres afirman su destreza y se organizan en corporaciones o academias, participando plenamente en el auge artístico.
Este nuevo poder se refleja en las obras mismas: los temas profanos o cotidianos, las naturalezas muertas, los temas antiguos o históricos revisitados gozan de un gran éxito. El artista se convierte en una fuerza de propuesta, un actor a parte entera del sistema artístico.
- PLANTA 1 / SALA 8
EL BOCETO: ARTE DE LA EMOCIÓN Y EL GESTO
A partir del siglo XVIII, el boceto es reconocido como un género en sí mismo. Caracterizado por su formato reducido y su rapidez de ejecución, permite al artista plasmar su pensamiento, a modo de borrador. Esbozado, se encuentra en todas las técnicas: pintado, modelado en arcilla, o incluso dibujado a lápiz.
El término boceto abarca diversas etapas del proceso creativo. Puede ser un « modello » o modelo, para guiar a los colaboradores del taller en la realización de la obra definitiva a tamaño real, ya sea un techo pintado o un monumento esculpido. También puede cumplir la función de « ricordo » o recuerdo, cuando es la reducción de una obra acabada destinada a guardar su huella y memoria.
Los bocetos gozan de gran éxito en el siglo XVIII. Son apreciados por los coleccionistas, que con ellos sienten que pueden adentrarse en la mente de los artistas. La pincelada rápida, la huella de una herramienta, la bolita de arcilla, permiten percibir el ímpetu creador, al mismo tiempo que dejan espacio a la imaginación del espectador. Esta inmediatez seduce a los aficionados y alimenta un verdadero comercio.
- PLANTA 1 / SALA 9
JACQUES PETITHORY, COMERCIANTE DE ARTE Y COLECCIONISTA
Jacques Petithory (1929-1992), antiguo paracaidista en el ejército francés convertido en comerciante de arte autodidacta, fue un coleccionista apasionado. Establecido en los mercadillos de Saint-Ouen, forjó desde la década de 1950 una reputación como un excepcional buscador, capaz de reconocer entre el desorden de las tiendas de antigüedades dibujos, objetos esculpidos, porcelanas o miniaturas de calidad rara. Su ojo experto atrajo tanto a coleccionistas como a grandes museos, desde el Louvre hasta el Metropolitan Museum of Art de Nueva York.
Pero Petithory también conservaba para sí una colección íntima, testimonio de su amor por el dibujo antiguo, los pequeños objetos esculpidos, las porcelanas y las obras atípicas. Admirador de Léon Bonnat, cuyo gusto y espíritu de descubrimiento compartía, eligió por testamento legar lo esencial de su colección al museo de Bayona. Su gesto tenía como objetivo preservar estas obras frágiles, pero también transmitir una mirada: la de un aficionado para quien cada objeto, incluso el más humilde, porta historia, significado y emoción.
- PLANTA 2 / SALA 11
PARÍS, LONDRES, MADRID: LAS ARTES EUROPEAS EN EL UMBRAL DEL SIGLO XIX
A finales del siglo XVIII y principios del XIX, en París, Londres y Madrid, las academias artísticas juegan un papel esencial: forman generaciones de pintores, escultores y músicos que viajan por todo el continente para estudiar, copiar a los maestros y confrontar sus ideas. Las grandes transformaciones de la época —el movimiento de las «Luces», la Revolución Francesa, las guerras napoleónicas, el surgimiento de los primeros Estados-nación— alimentan nuevas filosofías que impactan a los creadores de toda Europa. Entre ellos, los intercambios artísticos se intensifican.
Desde Ingres hasta Reynolds, desde Goya hasta Lawrence, los legados antiguos se entrelazan con las aspiraciones modernas. Poetas, escritores y compositores participan en este movimiento que transforma las sensibilidades en Francia, el Reino Unido y España. Las miradas cruzadas, las correspondencias, las circulaciones de obras e ideas hacen surgir un lenguaje artístico profundamente renovado, donde ya se esbozan los contornos de un movimiento que en ese momento está en plena emergencia: el romanticismo.
- PLANTA 2 / SALA 12
¿POR QUÉ ITALIA FASCINA A LOS ARTISTAS?
En el siglo XVIII, cada vez más jóvenes de clases acomodadas realizan el « Gran Tour »: un viaje, que más tarde dará lugar al término « turismo », que consiste en visitar algunas de las capitales culturales del continente, pero sobre todo en descubrir Italia, que es su destino privilegiado. Estar en Roma, Florencia, Nápoles o Venecia permite aprender sobre el mundo por uno mismo, tal como recomiendan los pensadores de la Ilustración, pero también encontrar una forma particular de belleza.
Para los artistas, Italia es un verdadero museo al aire libre. Redescubren la Antigüedad romana al estudiar las ruinas que se desentierran regularmente. Estudian las obras de los grandes maestros del Renacimiento, que copian abundantemente. Contemplan paisajes luminosos y pintorescos que desean conservar en sus imágenes. Italia, fuente inagotable de inspiración, es para ellos un repertorio de formas, ideas y emociones como ningún otro.
- PLANTA 2 / SALA 13.1
Este gran mural es un libro de historia. Los invita a adentrarse en algunos de los grandes cambios que marcaron el siglo XIX en Francia, desde la Revolución (1789-1799) hasta la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Las pinturas se presentan en dos etapas: en este nivel, dialogan con las obras expuestas en las alcobas que se encuentran frente a ellas.
REVOLUCIÓN, IMPERIO Y MONARQUÍA
La Revolución que comienza en Francia en 1789 proclama los ideales de libertad e igualdad y termina por derrocar la monarquía absoluta. En 1794, la abolición de la esclavitud en las colonias francesas marca un avance significativo, antes de su restablecimiento por Napoleón Bonaparte en 1802, y su abolición definitiva en 1848. La figura de Napoleón, general revolucionario que se corona a sí mismo «Emperador de los Franceses» en 1804, inspira una verdadera leyenda, basada en la dominación militar que ejerció sobre Europa y alimentada por imágenes y objetos conmemorativos. Tras su caída en 1815, la monarquía es restaurada y el rey Carlos X intenta regresar al orden pre-revolucionario.
- PLANTA 2 / SALA 13.2
UNA NUEVA PERCEPCIÓN DEL OTRO LUGAR
En el siglo XIX, Europa se apasiona por « Oriente », imaginado como un espacio de colores, sensualidad y exotismo. Este término, opuesto a « Occidente », describe un espacio geográfico indefinido, formado por países de mayoría musulmana, situados más allá del Mediterráneo y sometidos a los apetitos coloniales de las potencias europeas.
A partir de mediados de siglo, a medida que avanzan las conquistas coloniales y la revolución industrial, se produce un cambio significativo. El desarrollo del ferrocarril, de los barcos a vapor y de la fotografía permite un acercamiento más directo al mundo. El otro lugar ya no es solo un fantasma: ahora se ve, se explora y se documenta.
Los artistas « orientalistas » oscilan entre la imaginación y la realidad, entre el legado de un Oriente soñado y la observación concreta. Desde España, vista como una antesala de los lejanos otros lugares, hasta Egipto, Mesopotamia o Arabia, sus obras son testimonio de una apertura a nuevos horizontes y de las tensiones que atraviesan este descubrimiento del mundo.
- PLANTA 2 / SALA 13.3
EL ARTE FRENTE AL CAMBIO
A lo largo del siglo XIX, los artistas cuestionan las reglas académicas heredadas del Antiguo Régimen. El « Salón », exposición oficial de los artistas vivos organizada cada año en el Louvre, sigue dominando la escena artística. Esta institución, que regula la creación y moldea las carreras, valora una pintura histórica, monumental e idealizada, inspirada en la Antigüedad o la religión.
Sin embargo, esta gran pintura va deslizándose poco a poco hacia una forma más narrativa, a veces anecdótica: se habla entonces de la « pequeña historia », marcando un giro en los temas y el tono. Paralelamente, surgen nuevas sensibilidades. Algunos artistas eligen representar escenas contemporáneas, paisajes actuales o la vida cotidiana, sin tratar de idealizarlas.
El siglo también ve aparecer caminos más íntimos, donde la emoción, la interioridad y la expresividad priman sobre el tema o la técnica. La multiplicación de exposiciones independientes permite a artistas marginalizados por la Academia dar a conocer su trabajo, contribuyendo a diversificar las formas y voces de la creación.
- PLANTA 3 / SALA 14.1
PINTAR EN TIEMPOS DE CONVULSIONES
Las pinturas acumuladas en este gran muro están presentadas al estilo de las grandes exposiciones o de los interiores del siglo XIX: una al lado de la otra, en varios niveles, desde el suelo hasta el techo. Esta forma de ver las obras, aunque pueda parecer muy antigua, remite al mismo tiempo a las mosaicas de imágenes omnipresentes en el mundo contemporáneo.
Estas pinturas reunidas nos muestran la magnitud de los cambios culturales, políticos y sociales que atraviesan el siglo XIX, desde la Revolución de 1789 hasta la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Retratos de anónimos o de figuras públicas, escenas militares o cotidianas, vistas pintorescas o la celebración de los avances industriales: todas componen un panorama contrastado de los ideales, tensiones y relatos que marcaron la época.
El mural también se puede leer de izquierda a derecha, como de abajo a arriba. Avanza cronológicamente tanto como a través de algunos grandes temas: la Historia, la identidad, la religión, el progreso industrial, la colonización, la sociedad de clases, o la guerra. De una obra a otra, siéntase libre de escribir sus propias historias.
- PLANTA 3 / SALA 14.2
LA ESCULTURA FRANCESA EN EL SIGLO XIX
Después de haber sido casi exclusivamente encargada por la Iglesia y los soberanos, la escultura se democratiza tras la Revolución Francesa y a lo largo de todo el siglo XIX. Su omnipresencia en el espacio público se ve favorecida por los numerosos encargos del Estado, la transformación de las ciudades y el surgimiento de una clase burguesa deseosa de mostrar su éxito a través del arte.
Al mismo tiempo, sin desaparecer del espacio público, los bronces conocen una nueva difusión en los interiores privados. El desarrollo de una industria del arte exigente permite producir estatuillas en varias medidas, ampliamente distribuidas.
Desde el punto de vista estilístico, los escultores comparten las preocupaciones de los pintores: contar una historia, con un énfasis creciente en el realismo y la veracidad, ya sea en figuras heroicas, escenas alegóricas, animales salvajes o temas cotidianos.
- PLANTA 3 / SALA 15
LÉON BONNAT: LOS INICIOS DE UN PINTOR PROMETEDOR
Originario de Bayona, Léon Bonnat pasa su adolescencia en Madrid, donde su familia se instala en 1846. Allí recibe su primera formación artística, influenciada por la pintura española, antes de trasladarse a París en 1854. Apoyado por su ciudad natal, ingresa a la Escuela de Bellas Artes en el taller del pintor Léon Cogniet. Durante estos años de aprendizaje, el joven artista pinta retratos de sus familiares y varios autorretratos.
En 1857, expone por primera vez en el Salón oficial. También se presenta al Premio de Roma, concurso del Gran Premio de la Academia de Pintura, que permite al ganador continuar su formación en la Villa Médicis de Roma. Clasificado en segundo lugar con la obra La Resurrección de Lázaro, es gracias al apoyo de Bayona que puede viajar a Italia de 1858 a 1861. Pensionado junto a otros muchos artistas, descubre las grandes frescas religiosas y realiza sus primeras copias de los maestros, práctica que continuará mucho después de su regreso. Su viaje a Grecia y al Cercano Oriente en 1869 le deja una huella duradera: sus pinturas adquieren un nuevo realismo.
- PLANTA 3 / SALA 16
RETRATOS DE ARTISTAS
El retrato de artista — ya sea un autorretrato o la imagen de una colega o compañero — se sitúa en la frontera entre el gesto íntimo y la demostración pública. Muestra tanto cómo un artista desea ser visto como cómo lo perciben los demás.
Rembrandt, por ejemplo, se representa a sí mismo como un maestro reconocido: su autorretrato grabado afirma claramente su estatus. En cambio, Edgar Degas o Léon Bonnat prefieren representar a otros artistas. Sus retratos cuentan entonces una historia de amistad, admiración o legado. Eugène Pascau, por su parte, pinta a su esposa, quien también era artista. Este cuadro no solo muestra un modelo: revela una pareja unida por la creación y subraya el lugar que las mujeres artistas comienzan a ocupar en un ámbito aún en gran parte masculino.
Entre la mirada hacia uno mismo y la mirada hacia los demás, estos retratos trazan una verdadera cartografía de las relaciones artísticas y cuestionan lo que significa ser artista.
- PLANTA 3 / SALA 17
LÉON BONNAT ANTE EL SALÓN
Hasta finales del siglo XIX, el Salón, la exposición oficial que se celebra en París, es una etapa fundamental en la carrera de un artista. Permite darse a conocer al público, a los críticos, pero también a la administración de Bellas Artes, el principal comitente de la época.
Desde la década de 1860, Léon Bonnat participa regularmente en él. Presenta grandes lienzos, pensados para impresionar a los espectadores. Es allí donde obtiene sus primeros encargos públicos y forja su reputación como un artista riguroso, apreciado por su maestría técnica y sus temas con un mensaje moral.
Cada participación es un reto: obtener un premio en el Salón abre muchas puertas y deja entrever la posibilidad de alcanzar la posteridad. Bonnat se distingue por sus elecciones audaces, ya sean escenas religiosas, dramas o grandes retratos, todos ellos aclamados por sus contemporáneos.
- PLANTA 3 / SALA 19
MODERNIDAD
La segunda mitad del siglo XIX está marcada por una renovación de las prácticas artísticas. Si bien la exposición en el Salón sigue siendo un paso importante, varios artistas, ya sea individualmente o en grupo, eligen presentar sus obras en otros lugares.
El arte está atento a las novedades del tiempo: se trata de representar la vida moderna, la revolución industrial y sus efectos sobre la sociedad. Los artistas salen de sus estudios y trabajan «in situ», al aire libre. Representan el ocio y la vida cotidiana de sus contemporáneos, así como la transformación de su entorno. El tren, las estaciones de tren, los puertos, la luz artificial y el humo aparecen en los paisajes, mientras que las representaciones del cuerpo en el trabajo ganan importancia.
Esta renovación de los temas provoca una evolución en las formas. Algunos artistas reivindican un realismo crudo, mientras que otros, más tarde conocidos como «impresionistas», buscan representar la luz, las sensaciones o captar la fugacidad del momento.
- PLANTA 3 / SALA 20
PAUL HELLEU, ARTISTA DE LA BELLE ÉPOQUE
Nacido en Vannes en 1859, Paul Helleu se forma en la Escuela de Bellas Artes, pero pronto se apartó del estilo académico que allí se enseñaba, considerándolo demasiado convencional. Desde muy joven, se entusiasma con el impresionismo y se forma de manera autodidacta con la ayuda de sus amigos Claude Monet, John Singer Sargent y Giovanni Boldini. En 1884, atrae la atención en el Salón gracias a su talento como pastelista, el mismo año en que conoce a su futura esposa, Alice, quien será una figura recurrente en su obra.
Figura de dandy, Helleu cuida tanto su apariencia como sus interiores. Iniciado por James Tissot en la técnica del aguafuerte, que permite un dibujo de gran delicadeza, pronto conquista a los coleccionistas. Su círculo incluye al poeta Robert de Montesquiou-Fezensac, quien lo introduce en los círculos literarios, y al escritor Marcel Proust, quien se inspira en él para crear el personaje del pintor Elstir en En busca del tiempo perdido.
Hacia 1900, todo París se entusiasma con este artista mundano y sus retratos virtuosos. Su fama pronto trasciende las fronteras: cruzando el Canal de la Mancha y luego el Atlántico, pinta en 1912 el techo de la estación de tren Grand Central en Nueva York.